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miércoles, 15 de enero de 2014

2014

Confiar en mí y en otros.
No juzgar, no juzgarme.
Atreverme a pensar menos antes de actuar.
Dar rienda suelta a la imaginación.
Conocer gente diferente.
Conocer lugares que me debo hace tiempo.
Salir de lo que es cómodo y fácil.
Compartir.
Animarme.
Arriesgarme.
Soltarme.
Soltar los prejuicios.
Crecer.
Ser cada día más auténtica.
Aceptarme, y aceptar a los demás.
Que no me importe no ser aceptada.
Que no se corte, y sobre todo que no me corte.

Volver a leer este post a fin de año y poder decir que lo logré o, al menos, que lo intenté.



miércoles, 2 de enero de 2013

Rear-view mirror

De todos los años de mi vida que recuerdo, el 2012 fue sin duda el mejor.

Fue el año en el que no me pasaron cosas, sino que fui yo quien empezó a hacer que las cosas pasen. Aún habiendo pasado algunos momentos no demasiado gratos y sabiendo que me equivoqué muchas veces, el hecho de empezar a ser yo misma el motor del cambio hace que haya valido (y siga valiendo) la pena...

martes, 11 de septiembre de 2012

La historia sin fin

Un día te hartás. Decís basta.
Te cansás de pasar tantas tardes de sol encerrado entre las mismas paredes. De estar limitado a quedarte sentado en la silla cuando te encantaría salir a caminar, ir al gimnasio, hacer algún deporte. De no poder elegir cuándo irte de vacaciones. De que sea casi imposible subirte al auto y salir de la ciudad un fin de semana para despejarte. De llegar a tu casa a las diez u once de la noche casi todos los días. De comer mal porque no te queda tiempo y/o ganas de cocinar. De no poder leer los libros que querés, al ritmo que querés. De no poder pasar un domingo haciendo nada. De perderte cumpleaños, salidas, reuniones, recitales. De que toda tu familia o tus amigos se reúnan y vos tengas que perdértelo. De que te reprochen tus ausencias. De explicar siempre lo mismo y que empiece a sonar a excusa. Porque no es sólo el parcial de hoy: es la n-ésima entrega de un trabajo práctico de ayer, los "parcialitos" de la semana pasada (cuyo diminutivo es a veces más que engañoso) y los finales de todos los julios, diciembres y febreros.
Y un día te hartás. Decís basta.
Bueno, al menos querés decir basta. Pero llegás a la conclusión de que dejar esto después de hacerlo durante seis años ahora que te faltan uno o dos más sería un desperdicio.
Entonces seguís. A pesar de que lo que te quedan sean mayormente materias mal dictadas por los profesores incompetentes de siempre. A pesar de que vayas cayendo en la cuenta de que el título vale poco y nada en tu área de trabajo. A pesar de que tengas que seguir trabajando part-time para poder lograrlo y por ende no estés ni cerca de poder mantenerte solo. A pesar de que cada vez haya más y más cosas que te gustaría hacer, más gente con la que te gustaría pasar tiempo. A pesar de todo seguís.
Pensás que por lo menos hay muchos compañeros que se sienten igual que vos. Aunque ese pensamiento cada vez tiene menos apariencia de consuelo.

sábado, 9 de junio de 2012

lunes, 19 de marzo de 2012

Hoy en "Puñales": el final de Toy Story 3

Tenía 6 años cuando se estrenó Toy Story, y 10 para cuando apareció Toy Story 2. Siempre las recordé como "películas de mi infancia", y en la infancia se quedaron. Hasta que a los 21 años escuché que estaban haciendo Toy Story 3. Lancé mis clásicos y escépticos "Ya no saben más cómo robar" y "No se les cae una idea ni por casualidad". Asumí que la película apuntaba nuevamente a los más chiquitos, pero igual la fui a ver al cine, por los viejos tiempos (Eso sí: ¡Esta vez en inglés, por favor!). Y resultó que estaba equivocada...

miércoles, 22 de febrero de 2012

Más allá de la adultez

“The day the child realizes that all adults are imperfect, he becomes an adolescent; the day he forgives them, he becomes an adult; the day he forgives himself, he becomes wise”
Alden Nowlan

Y acá seguiré entonces, intentando alcanzar la sabiduría.

Por cierto, no ubicaba a este tal Alden. La frase la conocí gracias a este video:


domingo, 25 de diciembre de 2011

Volumen II

De chica me encantaba escribir. Casi nunca sobre cosas fantásticas, sino más bien sobre lo que conocía. Me basaba en mis experiencias, en mi familia, en mis compañeros de la escuela, y otros etcéteras. Siempre mis historias se inspiraban en anécdotas reales, y mis personajes en gente real, con alguna que otra excepción. Y escribía bien, decían unos cuantos, pero no era eso lo que me motivaba. Yo disfrutaba hacerlo, y me gustaba leer mis historias una vez terminadas. Incontables veces dije querer ser escritora cuando fuese "grande". Después, con el correr de los años, ya siendo un poco más conciente de la realidad, dejé de considerarlo una opción viable como profesión. Sin embargo, ni se me cruzaba por la cabeza la idea de dejar de escribir, aunque fuera simplemente por gusto o diversión.
Hasta que en algún momento pasé de inventar personajes a escribir sobre mí, sobre mi vida y las cosas que me pasaban. Encontrar las palabras adecuadas ya no era tan sencillo, había que pensar mucho más antes de apoyar el lápiz en el papel. A fin de cuentas, no me podía tomar muchas libertades si quería describir algo verdadero. Escribir se hacía cada vez menos divertido, pero la peor parte era releer todo una vez terminado. Pensaba que si lo que estaba leyendo fuese ficción, el personaje principal me caería mal, la historia me parecería aburrida, y creería que la escritora no conocía del todo bien a sus personajes. Eran esos los momentos en que el papel terminaba hecho pedacitos o siendo un bollo más en la bolsa de basura.
Así y todo, de alguna manera terminé abriendo un blog, quién sabe por qué. Así terminó, lleno de frases robadas, letras de canciones, textos de gente que parece poder decir con mucha facilidad y naturalidad lo que a mí me cuesta horrores. Y después de más de un año y medio de haberlo abandonado, vuelvo a entrar y releo. Pero ahora esos pocos momentos de inspiración que tenía no me parecen tan desagradables. Y veo también los "borradores", esos textos que nunca me animé a publicar por inconformismo, o miedo. Esos pedacitos de papel, esos bollos en la bolsa de basura que siguen a oscuras, sin ver la luz, pero que nadie se llevó nunca. Hoy pego los pedacitos de papel, desarrugo las hojas, y no entiendo por qué terminaron así, rechazadas.
Y me animo a escribir de nuevo. Porque a veces los autores cambian, los personajes evolucionan y el lector no siempre lee con los mismos ojos. Y bajo esta premisa, siendo autora, personaje y lectora a la vez, ¿cuáles son las chances de que la historia sea la misma?