Hace casi una semana lo vimos.
Un párrafo breve. Unas pocas líneas en alguna página de internet, acompañadas de una frase dicha por un músico de la escena, nos anunciaban la muerte de Tony Sly. Así, de improviso. Sin anestesia. El hombre que cantaba (entre tantas otras) una canción que había escuchado esa mañana y que casualmente me había quedado sonando en la cabeza durante unas horas ya no estaba.
Tuve que releer la noticia, mirarla fijo por unos minutos. Para mí la pérdida de un músico que sigo hace tiempo era una emoción desconocida hasta el momento. Y dolió...